Su Distinguida Señoría.

Nunca había sido un buen estudiante, así que con 16 años dejé de ir al Instituto. Como tampoco me gustaba trabajar –había estado de telefonista y repartidor de pizzas- un amigo me contó que había que hacerse del “partido”. Me dijo que la política consistía en hablar sin decir nada y que encima te pagaban, además de un sueldo, todos los gastos de manutención. Total, que decidí hacerme del “partido”.

Obviamente, con mi edad entré en lo más bajo del tremendo aparato burocrático que tenía –existían hasta 50 comisiones para gestionar el “partido”-, así que me tocó trabajar en la Comisión de Asuntos Generales. Básicamente mis responsabilidades eran hacer fotocopias y ocuparme de que el papel higiénico nunca faltase.

Un día nos visitó el líder del “partido”. Nos lo presentaron a todos. Como era un poco descarado –siempre me habían dicho que tenía don de gentes y que era un buen relaciones públicas-, al darle la mano le dije “¿Por qué no hacemos las fotocopias a doble cara? Ahorraríamos dinero para dedicarlo a otros fines, como la cartelería.

Él me contestó “Brillante idea. Llegarás muy alto en la política”.

Sólo por ese comentario, me ascendieron y poco después, gracias a que conseguí que los rollos de papel higiénico se cambiasen de doble a triple capa y además a un precio más barato que los anteriores, me nombraron Director de la Comisión de Asuntos Generales del “partido”. Y sólo con 17 añitos.

Un año antes de iniciarse la campaña electoral, el líder me llamó, y me pidió que me encargase de la cartelería. Juntos acordamos crear una Subcomisión de Cartelería adscrita a la Comisión de Asuntos Generales, convenientemente retribuida y presidida por mí. 18 años, dos puestos de Dirección, dos salarios. El dinero nunca se acababa en el partido.

Llegaron las elecciones e iba de segundo cabeza de lista de un municipio que tuve que buscar en el mapa para localizar dónde estaba. Ganamos las elecciones, pero justo antes de tomar posesión,  un escándalo de corrupción salpicó al cabeza de lista. Para cubrir el expediente, el “partido” le retiró, pero para que no perdiese dinero le dio un cargo dentro del propio “partido”, y a mí me tocó ser el Alcalde.

Antes de tomar posesión, le pregunté al líder “¿Qué hay que hacer?”. El líder me respondió,

“Muy fácil:

–      Gástate todo el dinero.

–      Haz obras y no preguntes si sirven o no.

–      Hazte siempre la foto.

–      Humilla a la oposición.

–      Y sobre todo, ni se te ocurra vivir en ese pueblo.”

Durante 4 años viví a todo trapo. Tenía 5 secretar@s a mi cargo, y 4 chóferes. Cada 6 meses fui cambiando de coche porque quería dar una imagen moderna. Nunca preguntaba lo que costaban las cosas, sólo decía “Hazlo y punto”. Si había réplica o contestación, colgaba el teléfono o suspendía la reunión.

Además, desde que se puso la Administración electrónica, eliminé las reuniones, no veía a nadie, y lo hacía todo por correo electrónico. Por cierto, con esto de la Administración electrónica, en el Ayuntamiento se podían hacer hasta 100 trámites electrónicamente. Bueno, eso es lo que vendí, porque realmente sólo existían 25 trámites en mi Ayuntamiento.

Y obviamente, seguía con mis cargos en el partido, o sea, tres salarios.

Terminado los 4 años, me volví a presentar y los vecinos me eligieron de nuevo. En este segundo mandato si hay un día del que esté orgulloso es cuando decidí suspender un pleno del Ayuntamiento un minuto antes de que empezase porque una bombilla se había fundido. ¡Cómo trinaba la oposición!

Sin embargo, llegó la crisis. Los últimos 6 meses de mandato fueron tremendos. Había que dejar aquello bien “pelado”. Le dije al líder que 8 años eran suficientes y que quería algo más relajado. Y me contestó “Pues al Senado, allí se vive bien”.

Y allí me fui. Dejé el municipio con una deuda de 250 millones de euros, pero hasta la fecha nadie me ha pedido ninguna responsabilidad. ¿En el Senado? Muy bien…vas, te sientas, aguantas el rollo y a casa. Además, cuando hace calor, tenemos la terraza con piscina y las copas a 3 euros.

Lo peor en el Senado es cuando nos dan un curso de formación, como el que estoy realizando en estos momentos para que no nos equivoquemos a la hora de apretar el botón del “Si” o del “No” en las votaciones, pero, al menos, mientras oigo al del curso me da tiempo para escribir estas líneas.

 

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3 Responses to “Su Distinguida Señoría.”


  1. 1 Héctor Guzmán noviembre 17, 2011 en 8:07 am

    D. Javier:

    ¿Por qué me suena todo lo que aquí cuenta?
    ¿A qué me recuerda?

    *sensación de deja vú*

    Gran post
    Saludos,

    @HectorGuzmanMX

  2. 2 María noviembre 17, 2011 en 8:46 am

    Enhorabuena por el post!

    A mi tb me recuerda a algo, pero ahora… no caigo 😉

    Un abrazo

    @meryglezm


  1. 1 Su Distinguida Señoría Trackback en noviembre 17, 2011 en 11:23 am

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